Capitulo 50

Artem

El frío de Moscú esa noche no era solo meteorológico; era una presencia física que se filtraba por mis poros, mezclándose con la adrenalina y el odio puro. A mi lado, Viktor y mis cincuenta hombres más letales aguardaban en las sombras del puerto, una falange de acero y silencio. Había dejado a Katia en la mansión bajo llave si era necesario; esta no era una noche para la diplomacia o la protección familiar. Era una noche para que el Zar reclamara su territorio con sangre.

—Señor, están l
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