Artem
El perdón de Naia había sido como un bálsamo para mi alma, pero la paz en nuestro mundo es una amante caprichosa que siempre termina por traicionarte. Apenas habían pasado unas horas desde que nos habíamos quedado dormidos, entrelazados en esa cama de hotel que olía a reencuentro, cuando mis instintos, esos que nunca duermen del todo, me sacaron del sueño con un grito silencioso.
El silencio del pasillo no era normal. Era demasiado denso.
Me incorporé lentamente, tratando de no despert