Artem
Tres días. Setenta y dos horas de un silencio que me estaba taladrando el cráneo. Katia creía que podía esconderme a Naia, creía que sus códigos de seguridad y sus cambios de vehículo serían suficientes para frenarme pero no entendía que un hombre que lucha por su imperio es peligroso, pero un hombre que lucha por su alma es implacable.
No dormí. No comí. Usé cada recurso ilegal, cada satélite privado y cada favor que me debían los bajos fondos de Rusia para triangular la señal de un sol