El pasillo era largo, interminable. Pero, casi como si hubiese ocurrido el día anterior, Alyssa encontró el lugar justo donde ella y Eros habían estado. La ventana seguía allí, la alfombra seguía allí, el papel tapiz y todo lo demás seguían exactamente igual.
Lo único que había cambiado desde ese día era la actitud de Eros, quien, previo a ese suceso, había sido amable con Alyssa. Él la había entrenado, le había prometido ayudarla a terminar esa misión, a apoyarla en lo que necesitara. Pero, de