Mundo ficciónIniciar sesiónDesde su infancia, Ronan Vázquez solo tuvo ojos para Isidora Ferrer, la deslumbrante y carismática hija mayor de la familia Ferrer. Sin embargo, nunca imaginó que detrás de cada encuentro, cada palabra de amor y cada promesa compartida, se esconde una mentira tejida con maestría por la misma mujer que creía amar. Lo que él no sabía era que, en las sombras de ese engaño, existía otra verdad: Isabela Ferrer, la gemela que siempre vivió bajo la sombra de su hermana, lo amó en silencio y fue obligada a ser su cómplice. Años después, el destino los vuelve a cruzar, pero Ronan ya no es el joven enamorado de antes. Convertido en un hombre poderoso y frío, regresa con un solo propósito: ajustar cuentas con quienes lo traicionaron. Isabela, ahora una reconocida cirujana, está atrapada entre el pasado y el presente, cargando con la culpa de haber callado demasiado tiempo. Cuando la verdad finalmente sale a la luz, Ronan debe enfrentar el dilema de su vida: ¿podrá perdonar a la única persona que realmente lo amó? ¿O el odio y la venganza serán más fuertes que el amor oculto en la mentira? Una historia de segundas oportunidades, secretos y redención, donde el destino demostrará que a veces, la peor traición proviene de quien menos lo esperas... y el amor verdadero puede estar más cerca de lo que imaginas.
Leer másDespués de lo que sabía, no podía perder tiempo, así que me dirigí a donde estaban los ascensores, me subí a uno de ellos para bajar al parking donde tenía el vehículo, salí y luego me subí a mi vehículo, lo puse en marcha muy nerviosa y salí del edificio hasta el townhouse donde vivían mis padres. Llegué y estacioné el auto en la calle, toqué el timbre, abriendo la puerta, Emilia la criada.
—Buenos días Amanda—, me dijo. —¿Emilia está mi madre en casa?—, le pregunté cuando entramos a la casa. —Sí cariño, está en la piscina, ¿puedo traerte algo fresco para beber? —Sí, por favor, hoy hace mucho calor—, respondí. Fui directamente a la piscina viendo a mi madre, tumbada en una de las tumbonas tomando el sol. —Buenos días mamá—, saludé. —Amanda cariño, hoy terminaste de trabajar temprano, me alegra que podamos comer juntas—, respondió. —La verdad es que vine por otra razón mami— dije seriamente, mientras mi madre se sentaba haciéndome sentar a su lado. —¿Qué pasa Amanda? Renato y tú se han peleado, ¿no es así? —Esa es otra pregunta, mamá, ¿conoces a un tal Gerard Hills? de la empresa de comunicaciones que lleva su apellido?—, pregunté al ver cómo el rostro de mi madre cambiaba. —¿De qué se trata esa pregunta, Amanda? Sí, tu padre y yo los conocemos, el padre acaba de morir en un accidente automovilístico—, respondió. —Mamá, ¿eras la amante del padre de Gerard Hills?—, le pregunté al ver cómo se ponía nerviosa con mi pregunta. —Hija Amanda, no entiendo por qué hay tanto interés—, respondió. —Mamá, responde la pregunta por favor—, exigí. —Amanda cariño, me enamoré perdidamente de Elmer Hills, estuvimos dos años viéndonos a escondidas, hasta que tu padre lo descubrió y me dio un ultimátum, pero ¿por qué lo preguntas?—, dijo —Hoy vino a mi oficina uno de los hijos de Elmer, me propuso matrimonio y me dijo, aunque al principio no le creí, necesitaba que me lo dijeras, me amenazó con desenterrar tu secreto si no aceptaba su propuesta. —También se enteró que di a luz a una niña hace tres años—, me dijo. —Hija, ¿qué vas a hacer? Estás comprometida con Renato. —No lo sé mamá, tengo que proteger la reputación de mi familia y sobre todo la mía, además Renato me está engañando con otra mujer, Hills me ha dado varias fotos que lo confirman, pero— dije abrazando a mi madre ya que ella sabía que yo no estaba bien con su confesión. —Lo siento mucho hija, sabes que te ayudaré en cualquier cosa, ¿quieres que hable con ese tal Gerard? —No creo que sea buena idea, te culpa porque su madre los abandonó, se suicidó—, respondí.Después de comer salí de la casa de mis padres, me subí a mi auto para regresar a la firma, mientras conducía pensé en qué respuesta le daría a Gerard Hills, preguntándome por qué mi madre nunca me contó nada sobre sus coqueteos, ya que siempre estuvimos juntas, muy cerca y de dónde le llegó a Gerard Hills la informaron sobre el bebe que tuve ya que cuando nacio mi bebe lo di en adopcion sin que nadie lo supiera. Llegué al edificio donde estaba el bufete, dejé mi auto en el estacionamiento, me subí al ascensor, apreté el botón del piso al que me dirigía y apenas salí se acercó Carolina, mi secretaria.
—Amanda, tienes visita en tu oficina, no pude evitarlo, lo siento—, me dijo. —No te preocupes, cálmate, ¿quién es?—, pregunté. —Señor Hills—, me dijo, sorprendiéndome. Entré a mi oficina viendo a Gerard Hills parado mirando por las ventanas de mi oficina, dejé mi bolso en el colgador y él se dio vuelta cuando me escuchó entrar a mi oficina, nos quedamos mirándonos a los ojos, dándome cuenta del brillo que tenía, tenía hermosos ojos verdes. —Esta mañana le dije que tendría que llamarle señor Hills, ¿no tienes paciencia?—, le dije. —Necesito una respuesta urgente de su parte. ¿Ya lo pensó, señorita Hershey?—, preguntó. —La verdad es que no he tenido mucho tiempo para decidir—, respondí sentándome en mi silla, colocando los brazos encima de la mesa, con los dedos cruzados. —Y yo tampoco tengo mucho tiempo, Amanda, y supongo que después de tres años querrás conocer a tu hija—, me dijo poniendo sus manos sobre mi mesa, acercando su rostro al mío. —Si acepto su propuesta, supongo que habrá un contrato con condiciones—, respondí. —Tengo el contrato aquí mismo, lo puedes leer y si estás de acuerdo, firmarlo. Mi abogado ha estipulado todas las condiciones, lo he reunido en su oficina para que lea todas las cláusulas y podamos firmar—, dijo. — Disculpe, señor Hills, pero no necesito un abogado que me explique las cláusulas de un contrato, ¿o se le olvida que yo también soy abogada? —, le dije. —Tu madre no pensaba lo mismo cuando se acostaba con mi padre, ¿verdad?— me respondió —Mi madre es una señora respetable y lo que hizo o no hizo con su vida no es de su incumbencia—, respondí.— ...Epílogo 3... —— ...Punto de Vista de Isidora... — Cada mañana cuando abro los ojos lo primero que hago es respirar profundo y agradecer. Puede parecer algo simple, casi insignificante, pero para mí se ha convertido en un ritual silencioso que nunca dejo pasar. Agradezco por esta segunda oportunidad que la vida me regaló. Agradezco por haber despertado en un pasado que ya conocía, con todos mis errores todavía sin cometer, con todas mis decisiones aún esperando ser tomadas. Nunca supe si realmente regresé en el tiempo o si todo aquello fue un extraño milagro que nadie más podía comprender. Durante mucho tiempo me pregunté si alguien más record
—— ...Epílogo 2... —— ...Punto de Vista de Ronan... — Hubo un tiempo en el que creí que el destino era una cadena inquebrantable de acontecimientos inevitables. Una línea trazada desde el inicio de nuestras vidas que no podía ser cambiada por más que uno luchara contra ella. Durante años esa idea me persiguió como una sombra silenciosa en mi mente. Pero hoy . . . mientras conduzco por esta carretera que bordea el acantilado . . . sé que estaba equivocado. En esta vida volví a convertirme en el magnate más joven de mi generación. El mismo t
—— ...Epilogo 1... —— ...Punto de Vista de Isabel... — El sonido automático de las puertas del hospital cerrándose detrás de mí siempre me produce la misma sensación de alivio y cansancio al mismo tiempo. Después de tantas horas dentro de quirófanos, pasillos silenciosos y salas de consulta llenas de preocupación, salir al aire libre es como recordar que el mundo sigue respirando más allá de las paredes blancas del hospital. Esa tarde el cielo estaba teñido de un azul suave, con algunas nubes dispersas que parecían moverse lentament
— ...Punto de Vista de Isidora... — Mientras caminaba por el pasillo hacia el campo deportivo, sentía una extraña mezcla de calma y nervios recorriéndome el cuerpo. Había dado el primer paso. Tal vez el más difícil. Hablar con Ronan y empujarlo hacia Isabela era algo que jamás habría imaginado hacer en mi vida anterior. Sin embargo, cuando lo hice . . . algo dentro de mí se acomodó, como si una pieza de un rompecabezas que llevaba años fuera de lugar finalmente hubiera encontrado su sitio. Ya había comenzado a cambiar las cosas. Había tomado una decisión.
Último capítulo