Capítulo 5

Alyssa estuvo toda la noche despierta, sin pegar ni un ojo ni dar descanso a su mente. No solo era difícil poder dejar atrás su nombre, sino que también debía dejar atrás aquel lugar que la mantuvo segura la última media década. Y, como si eso no fuese suficiente, ahora debía pagar por su libertad, con diez asesinatos y una boda.

Ella no estaba lista para un matrimonio, había evitado su vida romántica los últimos años. Había tenido citas, ciertamente, había salido con un par de chicos e incluso en algunos momentos se permitió tener una vida sexual activa con un compañero suyo de la universidad. Pero de eso a un matrimonio con el heredero del futuro jefe de la mafia italiana, era un salto loquísimo que a Alyssa no le gustaba mucho.

Con todos aquellos pensamientos perturbándola, Alyssa se levantó de la pequeña pero cómoda cama de invitados. La habitación estaba a oscuras, era acogedora, con un baño, un closet y un escritorio, una ventana por la cual podía ver las luces de la ciudad más cercana y la luna brillando sobre ella. Sin embargo, nada de aquello le dio la suficiente paz a Alyssa para conciliar el sueño.

Tras ponerse de pie, ella elevó sus calcetines hasta sus rodillas y tomó un abrigo bastante grande que Darío le había traído. Ella se lo puso y salió con ello solamente hasta la sala. La habitación de invitados que le habían dado estaba en el primer piso, por lo que no se molestó en hacerlo demasiado silencio para no despertar a nadie. De todas formas, no había nadie levantado, a excepción de los guardias que rondaban la casa y sus alrededores. Ninguno se molestó con la presencia de Alyssa, de hecho, hasta parecían alegres de verla pues era algo diferente a la rutinaria soledad que debían enfrentarse.

Huyendo de la mirada de ellos, Alyssa se refugió entre la enorme cantidad de pasillos que había por la casa. Había también docenas de puertas, todas tan veraniegas y al mismo tiempo refinadas, a Alyssa le era imposible hacerse una idea de lo que había tras ellas. Hasta que la curiosidad la dominó y decidió adentrarse en alguna de ellas.

La mayoría de las puertas ofrecieron resistencia, sin duda cerradas con llave o algún control de seguridad similar. Sin embargo, se topó con una puerta doble de madera oscura la cual se abrió con un pequeño rechinido para ella.

La habitación estaba oscura, pero el olor característico a humedad y hojas viejas fue más que revelador. Una biblioteca. Alyssa buscó a tientas un interruptor de luz por las paredes, pero no encontró nada. Encogiéndose de hombros, decidió dejar la habitación así y guiarse por una ligera luz proveniente de la luna a través de la ventana.

Ella caminó por los pasillos de aquella biblioteca, llena de estantes con libros, mapas, globos terráqueos y extraños carteles con planos y un árbol genealógico. Alyssa recorrió cada estante, pasando su palma sobre los lomos de algunos libros que se veían viejísimos y los globos terráqueos con alfileres en zonas y regiones que ella desconocía.

Alyssa estuvo allí metida en los pasillos hasta que el silencio se volvió atronador y decidió que ya debía irse. Pero cuando se daba media vuelta, su pie tropezó con algo duro y pequeño que pisó por accidente. Un chillido inundó de eco la habitación, un chillido que no provenía de ella sino de un animal. Alyssa no lo pudo ver en la oscuridad de la habitación, pero fue capaz de reconocer una cola peluda y blanca huir lejos de ella. Supuso que debía ser un gato o alguna mascota de la familia, pero no le tomó mayor importancia.

Tranquilizando su asustado corazón, Alyssa continuó su camino hacia la salida de la habitación cuando vio dos pequeños puntos rojos mirándola a lo lejos. Ella se detuvo de golpe, sintiendo su corazón martillar contra su pecho. Su instinto le dijo que corriera, pero Alyssa no conocía la habitación y lo que sea que la miraba del otro lado le bloqueaba la salida.

El ser de ojos rojos que la miraba comenzó a acercarse a ella lentamente, mientras que Alyssa retrocedía a la vez lo más lento y cuidadosa que podía. Sin movimientos bruscos, Alyssa logró ver con claridad gracias a la luz de la ventana lo que la asechaba.

Un lobo joven de pelaje gris ceniza, con el tamaño de un perro pequeño, pero con enormes dientes que gruñía y la miraba como su siguiente presa. Tras el lobo, había otro más pequeño de pelaje blanco y ojos azules, que se escondía y enrollaba tras él. Este parecía ser el que Alyssa había pisado por equivocación y había huido de ella, adolorido; pero el lobo gris no tendría la misma reacción ante Alyssa.

Finalmente, el instinto de Alyssa ganó y ella tomó lo primero que consiguió en un estante cercano. Era solo un mapa enrollado en un largo pergamino de cartulina, pero funcionaría como b**e.

El lobo gris comenzó a gruñir cada vez más fuerte y la espuma brotaba de sus fauces. Alyssa se detuvo, decidiendo detenerse antes de que el animal la acorralara. Y cuando ella se preparaba para pelear contra el animal, una voz demandante interrumpió aquel aire lleno de tensión.

– Giove, ¡fermati! –Incluso Alyssa se quedó pasmada con la orden, pero el perro entró en acción y echó su estómago contra el suelo. Sus dientes ya no estaban fuera, sus pupilas estaban dilatas y su odio se había vuelto repentinamente en mansedumbre. Alyssa estaba extrañada con lo sucedido, pero cuando vio a Elián surgir entre las sombras, ella supo que el perro simplemente estaba adiestrado–. Hola, Silvia... perdón, Alyssa. Aún no me acostumbro.

Elián, en su pijama de cuadrados celestes, caminó hasta los dos lobos que lo miraban con adoración. A ambos animales le ofreció un pedazo de carne bastante particular y luego les acarició la cabeza mientras comían.

Él se veía feliz en cuclillas en el suelo junto a los animales, pero cuando giró su rostro una vez más hacia Alyssa, Elián parecía contener una carcajada.

– Puedes soltar eso ya; ellos no te harán daño.

Y era cierto. Alyssa dejó donde estaba el mapa lentamente, sintiéndose algo tonta, mientras no podía apartar su mirada de ambos lobos. Ellos lucían entonces tan jóvenes como debían ser, mientras que jugueteaban y pelean entre sí por los bocadillos que Elián les había dado.

Alyssa se acercó, con el deseo de poder acariciarlos también. Elián le sonrió, mirando con ternura la timidez de Alyssa ante los lobos.

– Puedes tocarlos, si quieres. Solo ofrécele tu mano para que te olfateen y después veremos si te aceptan –y, aunque Alyssa no supo exactamente a qué se refería, Elián tomó su mano y con suavidad le enseñó a Alyssa lo que debía hacer. Él dejó la mano ante la nariz de la loba y, cuando ella mansamente inclinó su cabeza, Alyssa fue capaz de acariciar su suave y delicado pelaje. Se sentía como una nube, blanda, y muy cálida como una suave almohada térmica–. Parece que le agradas. –Comentó Elián.

Alyssa deslizó lentamente su mano lejos de la perra, viendo como ella subía su mirada para verla. La loba tenía unos hermosos ojos azules.

El otro lobo, aunque no se le acercaba mucho a Alyssa, sino que prefería quedarse con Elián, también la miraba con curiosidad en sus enormes ojos.

– Ella es Venus, y este es Júpiter –le presentó Elián, mientras acariciaba las orejas del lobo gris que estaba pegado a él–. Mis padres siempre han amado los lobos, y ella es la última cría viva que dejó los lobos de mis abuelos. Él es nuevo en la casa, pero no se lleva muy bien con todos. Solo con Eros, en realidad, pero hoy parezco agradarle más que a ti –el silencio se coló entre los dos, y cuando los lobos decidieron retirarse por orden de Elián, Alyssa vio cómo las palabras se atoraban en la garganta de él–. Silvia...

– Es Alyssa –le interrumpió ella, mientras llevaba sus rodillas hasta su pecho en el suelo–, debo acostumbrarme.

Elián suspiró. – Lo sé, lo sé. Lo siento. Solo... en realidad, iba a ir a tu habitación. Quería hablar contigo y, honestamente, no podía esperar a mañana.

Alyssa asintió, mirando como Elián evitaba en ocasiones mirarla a los ojos. Ella también bajó su mirada hasta sus pies, y comenzó a hacer figuras en el suelo con el polvo del lugar.

– ¿Qué querías decirme?

– Sé que tienes que escoger entre mi hermano y yo, y, créeme, odiaría estar en tu posición ahora mismo. No solo porque tengas que escoger, sino también que, además de eso, debes casarte, cambiar de nombre; y lamento que te hayas enterado de esa forma lo de tus padres.

Alyssa levantó su mirada hacia Elián. – ¿Tú lo sabías? –Elián no respondió, pero era obvio para ella que la respuesta era un evidente 'sí' en su lenguaje corporal. Alyssa no estaba enojada con él por saberlo y ocultárselo, en especial porque en el rostro de Elián se demostraba lo arrepentido y dolido que estaba por ocultarle esa información. Pero aquello no evitaba que a Alyssa le doliera de todas formas–. ¿Desde hace cuánto?

– Desde que ocurrió –respondió Elián sin atreverse a mirarla a los ojos–, pero mi mamá me dijo que no te lo contara porque no era buena idea que lo supieras: solo querrías regresarte a Italia, sin más, y Alberto andaba buscándote. Mis padres tuvieron que hacer un par de trucos y cobrar un par de favores para que él dejara eso atrás. Además de que mi papá trató siempre de convencer a Alberto de que lo olvidara.

Alyssa suspiró, sintiendo su pecho apretarse con cada segundo que trascurría.

– Deja de hablar; con cada palabra que dices siento que le debo más y más a tu padre. –Gruñó Alyssa.

– No, no pienses eso –Elián alzó su mano en un ademán–. Yo solo quería hablar contigo para saber si ya tienes una elección tomada.

– ¿Elección? –Preguntó Alyssa. Desde la parte de la conversación en la que Elián mencionaba a sus padres, ella simplemente no pudo concentrarse demasiado.

– Sí, si ya has escogido a mi hermano o a mí –Alyssa arrugó su rostro–. Se que esto te presiona un poco más, pero venía a decirte que quizás escogerme a mí sea una buena opción. Piénsalo así: somos amigos, nos conocemos desde hace tiempo, o al menos no soy un completo desconocido. Y si nos casamos podemos seguir siendo amigos, solo que tú usarías mi apellido y ante la sociedad deberemos fingir. Nada más. Sería una farsa, y como tenemos confianza, no será tan difícil.

Alyssa levantó su mirada hasta el rostro de Elián. Sus ojos esperanzados, sus mejillas ruborizadas y sonrisa torcida.

Ella no había pensado en escoger a Elián, aunque en realidad, no había pensado en escoger a ninguno. Para Alyssa, lo de la boda era terrible, en especial porque debía escoger entre Elián, su mejor amigo, y Eros, el hermano de su mejor amigo, cuyas hazañas y reputación que lo precedía había oído solo por rumores.

– Elián... –Suspiró Alyssa.

– No, no. No digas nada ahora, mejor piénsalo y después escoges tú misma –la mirada de Elián estaba algo decepcionada, y Alyssa lamentaba ser la culpable, pero ella tampoco quería darle falsas esperanzas a Elián. Ella no quería escogerlo, pues ella ya lo tenía claro: ella nunca vería románticamente a Elián. Pero él tenía razón en algo: Elián era mejor opción que un desconocido como Eros–. Hoy por la mañana mi padre, Eros y tú se irán. No sé a dónde, solo oí que él ordenó que tuvieran preparado el avión para hoy. La verdad, creo que se irán para tu primera misión. Pero estoy seguro que mi padre comenzará a presionarte para que escojas pronto.

Y Alyssa le llenaba de ansiedad simplemente pensar en Alessandro y todo lo que él tenía planeado para ella. Porque ahora no estaba en la mente de Alyssa la boda, sus padres o su nuevo nombre. No. Ahora estaba en su mente su misión: los diez mafiosos más importantes de toda Italia que ella debía matar.

– Gracias por informarme. –Le agradeció Alyssa.

– Es difícil para mí, ¿sabes?, porque estoy dividido entre mis padres y tú. Pero tienes que saber que, aunque mis padres son mi familia, mi balanza siempre se inclinara hacia ti, de ahora en más.

Alyssa asintió, sabiendo que Elián la escogía a ella, pero que ella no podría hacerlo lo mismo con él. No en verdad, o al menos no en la forma que él quería que ella lo escogiera.

– Es bueno saber que puedo contar contigo, Elián.

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