—¿Puedo verla al menos? —preguntó, su voz tan débil que fue apenas un susurro.
Marlon comenzaba a inclinarse hacia Elián para que le entregara la bebé para que Lucrecia pudiera cargarla, quizás. Pero, tan rápido que ni lo vio venir, Elián arrulló a Sylvana con una de sus manos mientras que con la otra acuñaba la confiable Five-seveN de su bolsillo. Odiaba intimidar a Marlon, quien no había sido más que un simple cómplice en todos sus planes, siempre y sin dudar. Pero Elián no permitiría que nad