En el momento en que Elián oyó un delirante gemido de dolor provenir de fuera de su habitación, supo que era momento de retirarse. Había visto a Alyssa y a Eros inquietos durante todo el día, ninguno de los dos había comido bien y ambos subían y bajaban continuamente la escalera, saliendo y entrando de la mansión Dranheilor como si sus vidas dependieran de ello. Aquello fue la señal clara de Elián para llamar a sus aliados y mantenerlos a la espera.
Exactamente dos horas después de la madrugada