Sin embargo, continuó adelante, empujando la silla de Alyssa hasta que ambos llegaron a la sala de partos. Y ahí fue la segunda vez que Eros sintió temor e inquietud en menos de cinco minutos. Las enfermeras se giraron hacia Eros con una mano en alto. —Nosotras continuaremos desde aquí con su esposa; lo buscaremos cuando ya se haya dado la concepción.
Eros estaba ya levantando su mano para contrariarla, para quejarse y empujarlas de ser necesario, pero la mano de Alyssa se levantó hacia él. Com