Artem estaba mirándose en el espejo de su habitación, su cabello despeinado aún le caían algunas gotas de agua. Acababa de salir de la ducha y él sentía un pesar en su pecho, en su rostro no cabía espacio para una sonrisa. Con la constante mirada de su guardia omnipresente, Artem peinó su cabello y alisó su ropa. Solo que cuando se giró para salir de su habitación y tomar el auto que lo llevaría al aeropuerto, no eran los ojos de su guardia que lo miraba a la distancia.
Era su padre.
—¡Qué sust