Ya habían pasado siete días desde aquella horrible discusión, pero preferí fingir que no había pasado nada, que jamás dijo esas palabras, porque sabía que estaba hablando a través del enfado, del odio y el rencor. Y lo entendía después de todo lo que vivió.
Él seguiría creyendo que mi padre era culpable, cueste lo que cueste, porque fueron muchos años donde su corazón fue envenenado por el sufrimiento, señalando a mi padre como el culpable de sus desgracias. Y no había ninguna prueba que demos