El gran salón estaba siendo despedazado, pieza por pieza, de arriba abajo. Sin contemplaciones. Estaba convencida de liberar a mi padre, pero cuando le había propuesto a Frederick redecorar la mansión, hablaba en serio.
Mi bebé no iba a crecer en aquel ambiente lúgubre, estilo vampírico.
Entrecerré los ojos al ver la cerámica que traían los obreros.
—¿Esa fue la qué compré en la tienda? —Le pregunté a uno de ellos.
Asintió.
—Esa fue la que nos entregaron, señora Lancaster.
Enarqué la ceja,