Hablé con el paramédico, traté de explicarle lo mejor que pude lo sucedido, pero pareció no importarle mucho lo que tenía que decir. Hasta llegué a pesar que lo pasaría por alto, ya que estaba muy concentrado en atender a Ana y comunicarse por la radio en códigos que no lograba entender.
Pero todas mis esperanzas se derrumbaron cuando las puertas traseras de la ambulancia se abrieron de golpe, inundando el estrecho espacio con la fría luz de la madrugada y el caos organizado de la entrada de u