Emma
Aún recordaba a esos hombres entrando en casa, el odio en sus voces, en sus miradas, como si yo fuese un enemigo al que debía exterminar.
¿Qué mal les hice?
El dolor recorrerme, el miedo a saber que iba a morir, me pasaron tantas cosas por la cabeza en fracción de segundos que luego se convertían en nada, porque solo existía el dolor, uno tan grande, pero tan grande, que me hacía olvidar todo lo demás y hacerme desear la muerte.
Mi muerte.
Mientras agonizaba, no voy a negar que también Dom