Emma
Cuando nos dimos cuenta, había más lobos, notamos cuatro esa noche.
Cada vez que aparecía uno, yo sentía una necesidad rara de verlo. Podía olerlos cuando entraban a la ciudad y los observaba a través de la ventaba cuando se quedan en el mismo lugar.
—¿Cuántos más van a llegar? —me pregunté.
Me levanté para asomarme a la ventana, donde podía ver sus ojos brillar. Magnus se quedaba sentado frente a la puerta, con los brazos cruzados, como si esperara a que alguien intentara abrirla.
—No s