Magnus recorrió la línea despacio.
Veinte hombres formados en el patio exterior, todos mirando al frente. Nadie hablaba. La manada nunca había recibido visitas de ese calibre, Alfas de territorios que jamás habían tenido motivo para cruzar sus fronteras, y todo tenía que estar perfecto.
Dio las órdenes en voz baja. Posiciones, protocolo, quién recibía en la entrada y quién escoltaba hasta el salón. Cuando terminó, se dio la vuelta y volvió adentro.
Emma estaba frente al espejo del dormitorio.
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