Magnus
Dejé a Emma dormida en la cama, con una nota en la mesa por si despertaba. Besé su frente y salí sin hacer ruido.
El bosque me recibió oscuro y húmedo. Los seguí por el olor. Siete lobos. Cuando llegué al claro, ya estaban esperándome. Uno a uno empezó a cambiar. Seis hombres y una mujer.
Me quedé de pie, con los brazos cruzados.
—¿Quiénes carajos son y qué quieren con mi compañera?
El más viejo, un tipo de cabello gris y cicatrices en el pecho, habló primero.
—No tenemos manada. Hace tr