Emma
Todo había cambiado tanto que a veces todavía me sorprendía al despertar.
Vivíamos en una casa hermosa de madera clara, con vistas directas al mar. Magnus la había construido con ayuda de la manada en solo dos meses. Tenía una cocina grande, una habitación para el bebé que todavía olía a pintura fresca y un porche donde podía sentarme horas mirando el horizonte. Mi vientre ya tenía cinco meses y era imposible ocultarlo. Estaba grande, redondo y pesado, pero no me sentía cansada. Al contrar