—Mamá, te veo rara con ese gorro.
—Se llama birrete, Kael.
—Te veo rara con ese birrete.
Emma se agachó como pudo, con las dos manos en la parte baja de la espalda, hasta quedar a la altura de su hijo. Cinco años, el pelo blanco peinado hacia un lado porque Magnus había insistido en peinarlo él, y esa manera de mirar que hacía que los adultos bajaran la voz sin darse cuenta.
—Pues aguántate, porque me lo he ganado.
Kael sonrió con todos los dientes y salió corriendo hacia las gradas.
El auditor