49.
RAQUEL
Tengo veintidós semanas de gestación.
Lo sé porque mi cuerpo ya no me deja olvidarlo ni un segundo: el peso suave pero constante en el vientre, la forma en que camino más despacio, la manera en que mis manos buscan instintivamente proteger algo que ya no es solo mío, sino nuestro, aunque ese “nuestro” exista solo para mí.
Salgo del trabajo cuando el cielo empieza a oscurecerse. El cansancio se me cuelga de los hombros, pero hay una paz extraña en haber sobrevivido a otro día sin romperm