36.
MICHAEL
Paso el día trabajando sin estar realmente ahí.
Mi cuerpo cumple con la rutina: llego temprano, saludo a quien me habla, me encierro en la oficina, firmo papeles, respondo correos, asiento en reuniones. Pero mi cabeza está en otro lugar. Siempre en el mismo. Raquel. Su voz. Su puerta cerrándose. La forma en que me miró la última vez, como si ya supiera algo que yo todavía no me animaba a aceptar.
Intento concentrarme. Me obligo a leer un informe por tercera vez y no entiendo una sola línea. Las letras se mezclan, se vuelven borrosas. Apoyo los codos en el escritorio y me paso las manos por la cara con fuerza, como si así pudiera arrancarme las imágenes.
Raquel apoyada contra la pared de su apartamento.
Raquel llevándose una mano al vientre.
Raquel diciéndome que me fuera.
No debería pensar en ella. No hoy. No después de todo lo que pasó con Sara. Me repito que estoy haciendo lo correcto. Que necesito orden. Tiempo. Que hay demasiadas cosas rotas como para sumar otra herida má