33.
Raquel
Camino sin rumbo durante un par de cuadras antes de recordar que tengo que ir a trabajar.
El aire de la mañana me golpea la cara, frío, demasiado limpio para el desorden que llevo dentro. Cada paso se siente torpe, como si mi cuerpo fuera por un lado y mi cabeza siguiera todavía frente a esa puerta, en esa cocina, viendo a Michael de pie, inmóvil, con la expresión de un hombre que acaba de perder algo sin terminar de entender qué.
Michael.
Lo digo en silencio y el nombre me arde.
No debí