25.
Michael
El hospital huele igual que ayer.
Desinfectante, café viejo y algo más difícil de nombrar, una mezcla de cansancio ajeno y noches en vela. Camino por el pasillo con las manos en los bolsillos, los hombros tensos, como si mi cuerpo supiera antes que yo que no voy a salir de aquí aliviado.
No voy directo a verla.
Antes de llegar al área de psiquiatría, me detengo frente al escritorio del médico que la atendió. Está revisando unas carpetas, concentrado. Carraspeo suavemente para anunciarme.
—Doctor.
Levanta la vista y me reconoce de inmediato. Su expresión es profesional, neutra, pero no indiferente.
—Señor Banks —dice—. Buenos días.
—Quería saber cómo está Sara —respondo—. Antes de verla.
Asiente, como si hubiera esperado esa pregunta.
—Pasemos un momento —indica, señalando una pequeña sala lateral.
Entramos. La puerta se cierra con un sonido seco que me pone en alerta. El médico se apoya contra el escritorio y cruza los brazos.
—Su esposa pasó una noche estable —empieza—. Eso e