26.
Michael
Estoy saliendo del hospital cuando el aire frío del pasillo me golpea la cara. Necesito eso. Necesito sentir algo que no sea culpa, cansancio o miedo. Camino con la mirada fija en el suelo, repasando una y otra vez la conversación con Sara, su voz quebrada, sus promesas desesperadas, su manera de aferrarse a mí como si yo fuera la única razón por la que sigue respirando.
No la veo venir.
Solo siento el impacto.
El sonido seco de la bofetada resuena más fuerte de lo que debería en el pasillo. Mi cabeza gira hacia un costado y el ardor en la mejilla tarda un segundo en instalarse, pero cuando lo hace quema.
Levanto la vista, aturdido.
Es la madre de Sara.
Tiene los ojos encendidos de rabia, el rostro tenso, la mano todavía en el aire, temblándole no sé si por furia o por dolor contenido. No parece una mujer mayor en ese momento; parece alguien dispuesto a despedazarme con palabras.
—¿Cómo te atreves? —escupe, sin bajar la voz.
Miro alrededor. Dos enfermeras se detienen unos metr