17.
MICHAEL
Entro al edificio con una sensación extraña en el pecho, como si algo se hubiera acomodado a la fuerza dentro de mí durante el trayecto. El guardia de la entrada me saluda, los ascensores suben y bajan, la oficina funciona con la misma precisión de siempre. Todo sigue igual. Yo no.
Mientras el ascensor asciende, me observo en el reflejo del acero pulido. Tengo el nudo de la corbata flojo, los ojos cansados, la mandíbula tensa. Parezco un hombre que no durmió. Lo soy. Pero no es solo