El veredicto del Tribunal Internacional de Ginebra no llegó con el golpe de un mazo, sino con el peso de un silencio histórico, en la sala, los magistrados leyeron una sentencia que sentaría un precedente para los siglos venideros: Inocencia bajo la figura de Necesidad Extrema. El tribunal reconoció que, si bien el apagón global había causado una disrupción sin parangón, el mal que Ariadna y Ethan evitaron —la esclavitud neurobiológica de la especie humana— era un daño infinitamente superior e