El otoño había comenzado a teñir los bosques que rodeaban el Instituto Lila con una paleta de ocres y dorados, dentro de la residencia, el aire ya no se sentía cargado de la tensión eléctrica de los primeros meses, había una nueva cadencia, una rutina hecha de paciencia, silencio y pequeños pasos que, aunque minúsculos para el mundo exterior, para Ariadna eran conquistas épicas.
Lila había progresado, sus piernas ya no temblaban al contacto con el suelo y sus "cicatrices de plata" se habían des