El Palacio de Justicia de La Haya se alzaba como un bloque de granito y cristal, un símbolo de la voluntad humana de imponer orden sobre el caos. Tras el colapso de Thorne Corp y el fin del Ojo de Dios, el edificio se había convertido en el epicentro de la purga legal más grande del siglo, pero hoy, el juicio no era contra un sistema, sino contra un hombre.
Marcus Thorne caminaba hacia el centro de la sala, no vestía los trajes a medida que definían su silueta en las portadas de Forbes, sino el