162. Aquí estoy…
Isabel
Salgo de la habitación con el alma hecha pedazos y cierro la puerta con extrema suavidad. En cuanto el pestillo hace clic, me apoyo contra la pared del pasillo y me deslizo hacia el suelo, tapándome la boca con ambas manos para ahogar el llanto que finalmente estalla en mi pecho.
Lloro por la pérdida, lloro por el sufrimiento de ese niño y lloro por la terrible impotencia que siento al no poder borrarle el dolor con un abrazo. Siento que la situación me supera, que soy demasiado pequeña