178. Odio todo esto
Isabel
El trayecto de regreso a la mansión es un borrón de velocidad y adrenalina; entramos por la reja principal bajo la mirada atónita de los guardias del perímetro, quienes presenciaron nuestro falso altercado.
Subo las escaleras corriendo y me encierro en nuestra alcoba matrimonial, caminando de un lado a otro con el corazón latiéndome a mil por hora en el pecho. Pocos minutos después, la puerta se abre de golpe y Dante aparece feente a mi haciendo que el corazón me lata como loco.
Lo veo e