175. No quiero héroes
Dante
La luz de la mañana entra con una crudeza insoportable por el ventanal del estudio, disipando la burbuja de paz en la que Isabel y yo nos refugiamos anoche. El calor de su cuerpo en nuestra cama fue un oasis, pero el amanecer me devuelve a golpes a la puta realidad. Estoy de pie, con los brazos apoyados en el marco de la ventana, mirando el patio de la mansión. Mis instintos, esos que me han mantenido vivo en la frontera y en los peores pozos del mundo, me están gritando a pleno pulmón qu