140. Mi momento
Isabel
Dante se queda inmóvil bajo mi tacto. Sus ojos se clavan en los míos, negros, profundos, indescifrables. Por un segundo, creo que va a soltar una de sus evasivas habituales o que va a mandarme a callar con una orden autoritaria, pero en lugar de eso, exhala un suspiro pesado que le entibia los dedos a mi mano.
—Hablaremos de eso después. En la cena, ¿de acuerdo? —dice, y su tono no admite réplicas, aunque hay una nota de suavidad que reserva únicamente para mí—. Ahora, si de verdad quier