215. Lo hizo por mi
Dante
Abro la compuerta de hierro con un empujón pesado y la tormenta de la noche me recibe con toda su violencia. La lluvia fría me golpea el rostro, lavando la sangre ajena de mis manos y el hollín de la pólvora que me cubre la piel. El viento ruge entre los contenedores del muelle sur, pero mis ojos no buscan las amenazas; buscan la silueta de la camioneta Range Rover negra que parpadea con las luces de posición encendidas a unos cincuenta metros de distancia.
La puerta trasera de la blinda