217. No estás sola
Isabel
Caminar sin ver me agudiza el resto de los sentidos de una forma impresionante. Escucho el crujido suave de mis zapatos sobre los pasillos, el roce de la gasa de mi vestido contra mis piernas y, finalmente, el cambio de eco que me indica que hemos llegado al gran descanso de la escalera principal. Bajamos escalón por escalón. Cecilia me sostiene con una firmeza que me da seguridad, pero el corazón me late a mil revoluciones por minuto en mitad del pecho. La expectación me araña las entr