Isabel
Camino hacia la entrada del almacén al que antes ni siquiera hubiese imaginado posar.
Siento que las mejillas se me encienden de inmediato al recordar la noche anterior en la habitación de Dante.
Recordar la frustración de ambos, la tensión de nuestros cuerpos desnudos y la promesa que él me hizo al oído mientras me apartaba el cabello: «Te vas a tener que aguantar. Pero te prometo que te voy a compensar... No vas a salir de esta cama en tres días».
Me ha estado diciendo lo mismo desde