214. El fantasma se ha ido
Dante
El silbido de una bala me pasa tan cerca del oído derecho que el aire caliente me quema la piel. No me inmuto. Mi mente ha entrado en ese estado de frialdad absoluta donde el miedo no existe; solo hay espacio para el cálculo de supervivencia, la geometría de los impactos y el rastro de mi enemigo. Detrás de mí, la compuerta de hierro lateral se ha cerrado. Sé que Isabel está fuera. Sé que Carlos la tiene bajo el escudo de la blindada. Ese único pensamiento es el que mantiene mis manos fir