Mundo ficciónIniciar sesiónMás tarde, en la noche, Emma había hecho las compras, como siempre, no fue una pequeña compra, y eso la hacía preguntarse si era necesario seguir aquí después de un año trabajando sin mucho descanso, pero… cuando recordaba la cara de Alexander, sentía mariposas en su estómago y su ánimo para trabajar volvía casi al instante.
Después de organizar lo que quedaba de las compras, Emma notó que había una caja envuelta de forma elegante, estaba al lado de otras cajas donde se guardan unas galletas, sal, azúcar, especias... Curiosamente, ella tomó la elegante caja y la examinó de arriba a abajo, desde el papel que la envolvía hasta el moño decorativo. En ese momento, Alexander entró a la cocina, se quitó su chaqueta y la dejó en el espaldar de la silla. — Ah, descubriste el dulce de Natasha, ella lo escogió hace unas horas. —comentó mientras señalaba la caja elegante en las manos de Emma sutilmente con la mirada. — Son trufas de chocolate, para la cena de esta noche, habrá un evento, algo así como una fiesta o reunión… Son un poco caros, pero valen la pena por su sabor. —añadió riéndose un poco y sacudiendo levemente su cabeza. — ¿Enserio?... No tenía idea, señor, la caja luce muy elegante, pensé que tal vez sería algún tipo de obsequio para la señora. —dijo mientras dejaba la caja a un lado cuidadosamente. — No te preocupes, es un producto importado, algún día las probarás, solo debo advertirte que contienen vino y no estoy seguro si antes has bebido algún tipo de bebida alcohólica. — Entiendo, deben ser deliciosas. Mientras Emma seguía con sus labores, Alexander se dirigió al lavaplatos para lavarse las manos. sus hombros y parte de sus músculos se detallaban en su camisa mientras movía sus manos, tallandolas para que quedarán limpias. Emma lo podía ver discretamente, quería abrazarlo sin dudarlo un segundo, pero sabía que no debía cruzar esa línea. — ¿Tienes algún nuevo curso que quisieras probar? No te preocupes por el precio, lo puedo pagar. —dijo sin verla. — No señor, no podría aprovecharme así de usted… además… Su esposa, Natasha, me dijo que lo necesitaba… Alexander se quedó unos segundos en silencio, y suspiro, seco sus manos en una toalla, frunció un poco el ceño nada más alguien, quien sea, mencionara a su esposa o tan siquiera su nombre. Sin embargo, no puede evadir sus responsabilidades… Aunque no le agrade tan siquiera verla. Ajustó su corbata, y se dirigió a la puerta… — Debería de irme… Tal vez necesitará de mí para el evento de esta noche o cualquier otra cosa… —exclamó con amargura. — Emma, si tienes algún problema, vuelvo y lo repito, puedes contarmelo… Siempre estaré ahí para ti, así te toque liderar con los caprichos de Natasha… —añadió con una cálida sonrisa. Al detenerse para decir esas palabras, su mirada se quedó un poco más fija de lo normal en Emma, dejándola con el corazón algo acelerado. Suspiraba y se sonrojaba a solas, cada que él la miraba de esa forma, quería si o si arrancarlo de las manos de aquella mujer que se hacía llamar su esposa. Al atardecer, solo unos minutos después la fiesta había comenzado, Emma servía con una bandeja de plata las bebidas a los invitados de Natasha, era cansado, caminaba sin tener descanso alguno, pero quería que notarán todo lo que hacía, su esfuerzo y recibir una buena paga al final de la noche. Apenas pudo, y tuvo la oportunidad de dirigió a uno de los cuartos donde almacenaban algunos libros y objetos. Antes de tan siquiera tocar el pomo de la puerta, escuchó unas risas y gemidos que la dejaron helada. ¿Que escuchaba?... ¿Por qué es la voz de la esposa de Alexander?... Todas las preguntas rondaban en su cabeza mientras lentamente se acercaba a la pequeña abertura de aquella puerta para mirar que sucedía en el interior solo para confirmar su sospecha. Era ella, era Natasha, con alguien más… No podía creer lo que estaba viendo, su esposa lo traicionó, a un hombre que daba todo de sí por su trabajo y su propio hogar. No sabía cómo procesar toda esta nueva información pero en su corazón, sentía que si o si debía confesarle esto a su esposo… A Alexander… Se alejó silenciosamente sin hacer ni un solo ruido, nada, ni siquiera el sonido de sus zapatos de escucho y siguió su camino. Al finalizar la noche, llegó a su dormitorio donde se sentó ya cansada, sus pies dolían mucho, pero quería que todo fuera una pesadilla. No era tonta, sabía que si le decía esto a Alexander puede que no le crea, y eso es lo que más le aterra, perderlo a él a costa de un “chisme” o de “algo que vio”. Sin pensar de más, decidió cambiarse y dormir hasta el día siguiente. A la mañana siguiente, Emma se encontraba un poco cansada por qué durmió pocas horas y aún así estaba preparando el desayuno. Alexander entró a la cocina haciendo un sutil ruido, pero conservando el traje que uso la noche anterior… En aquel evento. Emma se dio media vuelta para servirle el desayuno y una taza de café pero pudo observar su rostro cansado, él tampoco pudo dormir. Solo pudo observar como él se servía una taza de café, le agregó azúcar y crema. Pasó al lado de Emma y tomó asiento donde usualmente ella come apartada de Alexander y de su esposa. El levantó la vista un poco solo para ver a Emma como queriendo decir algo pero insegura. Levantó una ceja mientras tomaba un sorbo de su café y fijo la mirada en los ojos de ella. — ¿Todo está bien, Emma?... ¿Tampoco descansaste?... ¿Quieres tomarte el día libre?... — dijo con una voz gentil. Emma trato de decir algo, de pronunciar una palabra pero no pudo, por que fueron interrumpidos. El sonido de la puerta principal se escuchó tan fuerte que distrajo momentáneamente los pensamientos que tenía. Alexander se terminó su café lentamente mientras esperaba a que Emma le comentará lo que le incomodaba.






