Más tarde, en la noche, Emma había hecho las compras, como siempre, no fue una pequeña compra, y eso la hacía preguntarse si era necesario seguir aquí después de un año trabajando sin mucho descanso, pero… cuando recordaba la cara de Alexander, sentía mariposas en su estómago y su ánimo para trabajar volvía casi al instante. Después de organizar lo que quedaba de las compras, Emma notó que había una caja envuelta de forma elegante, estaba al lado de otras cajas donde se guardan unas galletas, sal, azúcar, especias... Curiosamente, ella tomó la elegante caja y la examinó de arriba a abajo, desde el papel que la envolvía hasta el moño decorativo. En ese momento, Alexander entró a la cocina, se quitó su chaqueta y la dejó en el espaldar de la silla. — Ah, descubriste el dulce de Natasha, ella lo escogió hace unas horas. —comentó mientras señalaba la caja elegante en las manos de Emma sutilmente con la mirada. — Son trufas de chocolate, para la cena de esta noche, habrá un evento, algo
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