La mañana llegó fuerte, directa y sin espera.
Emma abrió los ojos con dificultad, sintiendo el cuerpo extraño, ajeno. Un calor pegajoso se había instalado bajo su piel, mezclado con un cansancio profundo que no parecía corresponder al sueño que acababa de tener. Se quedó unos segundos mirando el techo, respirando lento, como si incluso ese acto requiriera esfuerzo.
— Estoy bien… —susurró para sí misma, aunque la voz le sonó débil, poco convincente.
Aun así, se levantó. Se duchó con agua tibia q