La lluvia caía con fuerza, golpeando los ventanales, el techo, el suelo… Como si quisiera arrastrarlo todo consigo. Cada gota era un tamborileo insistente, un recordatorio de que el mundo seguía moviéndose aunque Emma ahora mismo quisiera detenerse.
Emma caminaba bajo la lluvia sin apresurarse llegando poco a poco... Ya no tenía sentido correr, ni esconderse, ni fingir que todo iba a estar bien, su ropa estaba completamente empapada, el agua estaba pegándose a su piel como una segunda capa fría