Al día siguiente, la fiebre no se había ido del todo.
Emma despertó con el cuerpo pesado, la cabeza le latía con una presión constante que no la dejaba pensar con claridad. El descanso de la noche anterior había sido corto… Apenas era un respiro, unas pocas horas de sueño robadas entre pensamientos que no la dejaban en paz, entre números que no cerraban, entre imágenes del hospital y facturas acumuladas que se apilaban en su mente como una deuda que crecía sola.
Aun así, se levantó, no tenía tie