El sonido de las hojas al pasar era lo único que llenaba el aula.
El bolígrafo de Emma se deslizaba con una lentitud casi mecánica sobre el papel.
Cada respuesta que escribía parecía una apuesta arriesgada. Cuando finalmente puso el punto final, exhaló despacio, como si soltara un peso que no estaba segura de haber llevado bien.
No sabía si había aprobado. Tampoco le importaba tanto como debería pues la anoche casi no durmió.
Recogió sus cosas intentando no pensar. Afuera, el pasillo bullía d