El teléfono volvió a sonar de inmediato. Esta vez, Francisco simplemente lo apagó. Respiró hondo, mirando el cielo, sintiendo una infinita frustración.
Cuando regresó adentro, Bianca lo miraba con preocupación. Él se esforzó por sonreír, haciendo un gesto para restarle importancia al asunto, y ella decidió no preguntar.
Francisco fue a la cocina para terminar de servir la cena, pero una extraña inquietud no lo dejaba en paz. Sacó el celular del bolsillo, lo miró un segundo y lo volvió a guardar