Cuando Bianca se despertó esa mañana, le dolía la cabeza. La noche anterior había estado tan llena de miedo y preocupación que apenas pudo descansar. Al ver las profundas ojeras de su hermana, supo que ella tampoco había dormido bien. Soltó un suspiro pesado; sentía una frustración tan grande que no lograba sacar.
Se lavó la cara y, al salir del baño, notó que Efraín no había venido. Ayer le había dicho que pasaría a recogerla, pero no cumplió su palabra. Se sintió decepcionada y se rio de sí m