Rubén mantenía los ojos ligeramente cerrados, como si estuviera agotado. Francisco permaneció inmóvil, sintiendo una extraña agitación en el pecho.
“¿Acaso pasó la noche entera aquí?”, se preguntó con un hilo de voz.
Caminó hacia él con cierta vacilación. Rubén, que lo vio venir, le dedicó una sonrisa tan inesperada y deslumbrante como una flor que se abre en plena noche. El gesto lo dejó confundido y no supo qué decir.
—Te dije que vendría por ti.
Su tono era tan casual que su presencia no par