Bianca llevó a Claudia en su carro hasta la entrada del edificio de Empresas Lira.
—Oye, Claudia, ¿no quieres ir a casa a descansar un rato? —le preguntó, preocupada.
—No, no te preocupes. Ahora que sé que estoy embarazada, ya no hay de qué angustiarse. Las náuseas son normales y me siento bien. Además, tengo pendientes en la oficina. Y tú, Bianca, ¿a dónde vas? ¿Quieres subir un momento?
—No, ya me voy. Cuídate mucho, por favor. Y come bien.
Bianca se despidió con la mano. Esperó hasta ver a s