Efraín conducía con la vista fija al frente, sus manos aferradas al volante con fuerza. Acababa de recibir una llamada de su asistente, quien le informó que habían localizado a Claudia. Solo oír su nombre le provocó un fuerte dolor de cabeza, una punzada que lo hizo desear aparecer frente a ella en ese mismo instante. Su asistente le había dicho que estaba en una pequeña y remota aldea en la sierra de Chiapas. Alguien la había visto allí.
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Bianca se giró, aturdida, y vio la mirada preocupada