Se sentaron en la sala y Bianca les sirvió dos tazas de té, colocando una frente a Francisco con una sonrisa tímida.
—La otra vez, de verdad, muchas gracias. Quería llamarte para invitarte a cenar, pero con lo del pie… lo siento mucho.
Efraín bebió un sorbo de té. Al oír eso, arrugó la frente. ¿Cuándo se habían visto esos dos? Le lanzó una mirada inquisitiva a su amigo, quien, al notarlo, se sintió un poco incómodo y tomó otro sorbo para disimular.
—Ah, no fue nada. Fray y yo somos buenos amigo