Horus observaba a Hespéride cuando ella las limpiaba y vestía de oscuro. El contraste entre la apariencia humana que adoptaba en la ciudadela y la esencia púrpura que escondía siempre encendía en él una mezcla de asombro y admiración. El afecto no se expresaba en palabras, sino en miradas sostenidas, en la forma en que sus manos coincidían sobre las cunas o en la manera en que sus cuerpos se rozaban en el tránsito de pasar un manto, de alzar a una de las niñas, de ajustar una frazada.
Aquel ref