Los rumores se esparcieron como llamas en un campo seco. Desde los puertos hasta los pasos montañosos, desde los desiertos del sur hasta las ciudades ocultas entre los bosques, el nombre de Némesis ya era un susurro que crecía con cada día. En tabernas y mercados, los mercaderes narraban la historia con más dramatismo del que la realidad ofrecía: un guerrero cubierto de sombras, con poderes de hielo y la fuerza de matar un titán, había decapitado a un general imperial y lanzado su cabeza a los